Negros y hispanos: los lazos que unen

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En la parte inferior de la hoja de selección del curso de semestre de primavera a los estudiantes se le solicitan Preguntas opcionales para abastecer a la universidad con los datos de su origen étnico/racial como requerimiento de información federal. Seis categorías son proporcionada: Blanco no hispanos, Negro no hispanos, Puerto Rico, Hispano otro, Asia / Pacífico Islas o nativo americano y / Alaska, los estudiantes deben elegir una sola categoría, la que mejor los describe el grupo “étnico racial” al cual pertenecen.

Esto Hace que la restricción de sólo señalar una opción es muy frustrante para mi. Alguien que describe a sí mismo como un Negro puertorriqueño, nunca encontramos esa categoría que reconozca la fuerte herencia africana de los hispanos en el Caribe y América Latina. Nosotros, como todos los hispanos, estamos aislados como si fueramos una raza aparte dentro de nuestras misma comunidad. A diferencia de los ingleses, la gente del Caribe, los lazos de parentescos de los puertorriqueños al negro de habla francesa y la comunidad negra americana son a menudo ignorados o negados. Nuestro  vínculo común de origen africano, como las personas de color en este hemisferio, y nuestra hermandad implícita, hermandad a menudo la cual no es reconocida, incluso en mi hoja de selección de curso.

Mi reconocimiento del mismo como Negro puertorriqueño puede ser facilitado por el hecho de que mis padres vienen de dos islas diferentes. Mi madre  es de Puerto Rico y mi padre de Santo Tomás, conozco a muchos hispanos que no tienen ascendencia mixta que se ven como yo. Mi madre emigró a la parte territorial de los Estados Unidos desde Puerto Rico cuando tenía tres años de edad. La situación económica en Puerto Rico durante la guerra fue dura y su familia llegó a los Estados Unidos para encontrar una vida mejor, estableciéndose en El Barrio en la parte Este de Harlem en Manhattan.

Ella misma había vivido todos los días como una mujer Negra, una postura valiente e independiente para tomar en la década de 1940 y 50 años. Para mi  madre, lo que separa las comunidades afro descendiente era una cosa peligrosa. Ella creía que deberiamos unirnos en los EE.UU. para encontrar las cosas comunes que nos unen y de pie ambas comunidades luchar unida, porque el precio de la separación puede ser grande en cara de la opresión racista que ambas comunidades sufrían.

El “West Side Story” de los tiempos de mi madre era más importante la relación entre los nuevos puertorriqueños que llegaron y los negros americanos que la romántica tensiones entre los italianos y puertorriqueños de este famoso musical. Una línea imaginaria que se dibuja en la Avenida Lenox saludando dos comunidades insulares, una Negra y otra la del puertorriqueño que recién llegó, y a pesar de que sus vidas y sus experiencias eran sorprendentemente similar la ambivalencia y desconfianza que existía entre ambas comunidades la cual era notable.

Esta ambivalencia todavía sobrevive hasta el día de hoy y nos divide como comunidad afro descendiente. Ambos grupos cayeron en la trampa de creer lo que el dogma racista del día. Muchos puertorriqueños aceptaron en su valor nominal que el negro era sinónimo de inferioridad. Se creyeron los estereotipos sobre los negros de ser “malo” y evitaron desde entonces la construcción de una relación con ellos, no queriendo ser contaminado por su estado, producto de estos estereotipos negativos.

El Negro americano (afroamericano) también cayó en el fango del racismo blanco; los puertorriqueño eran fuertes bebedores y los hombres latinos eran mujeriegos. Parece divertida la lista de estas imágenes ridículas puesta en la mente de ambas comunidades. Nosotros quienes sufrimos esos estereotipos a diario. Lo sé porque he vivido en ambos lados del problema, muchas veces avergonzado por la forma en que aplicamos con soltura estos estereotipos entre sí; la multitud de declaraciones generales de acusación no basada en el conocimiento directo. debajo de todo ello hay una gran cantidad de fuerza que puede ayudar el uso o desuso del racismo perverso que en nuestro país está encadenado en la gran mayoría de todos nosotros, pero debemos hacer un esfuerzo combinado para vencerlo.

Nuestra experiencia compartida con el racismo no es sólo la opresión que hemos tenido que sobrevivir en este país, influencia cuando es de importancia crucial  y la cual debería servir para mantenernos unidos políticamente con el fin de crear un cambio y apoyar la auto determinación de sí mismo.

Vivimos juntos en algunas de las comunidades más pobres, con el acumuló de una epidemia de drogas, manejo inadecuado, falta de la vivienda, y un sistema educativo que nos deja con una pobre calificación e intelectualmente poco preparado para conseguir mejores puestos de trabajo. Montamos el metro juntos todos los días, sintiendo la misma rabia y desesperación, sin embargo existe incertidumbre y desconfianza entre nosotros. Estamos decididos a ver nuestras diferencias culturales como insuperables a pesar de que tenemos una herencia compartida, la herencia africana. En el núcleo de esta incertidumbre y división esta la ignorancia en ambos lados.

Traducción versión original en ingles – The Ties the bind by: Vivian Brady) The book: race, class, and gender in the united States.

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